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DIVERSIDAD DIGITAL y CULTURA, versión beta

Este es un texto, versión beta, para ser presentado en el «Seminario Internacional sobre Diversidad Cultural: prácticas y perspectivas», organizado por el Ministerio de Cultura junto con la Organización de los Estados Americanos, que se desarrollará a fines de junio, en Brasilia. Este seminario tratará de discutir e indicar propuestas para implementar la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO, aprobada el 20 de octubre de 2005. La convención de la Unesco reconoció la necesidad de adoptar medidas para proteger la diversidad de las expresiones culturales y señaló también la relación estratégica entre cultura y desarrollo sostenible. Las manifestaciones y las expresiones libres y libertadoras de la cultura digital constituyen recursos indispensables y esenciales para asegurar la diversidad general de las expresiones culturales de nuestras sociedades. Reuniendo ciencia y cultura, antes separadas por la dinámica de las sociedades industriales, centrada en la digitalización creciente de toda la producción simbólica de la humanidad, forjada en la relación ambivalente entre el espacio y el ciberespacio, en la alta velocidad de las redes de información, en el ideal de la interactividad y en la libertad resultante, en las prácticas de simulación, en la obra inacabada y en inteligencias colectivas, la cultura digital es una realidad de un cambio de era. Como todo cambio, su sentido está en la disputa, su apariencia caótica no puede esconder su sistema, pero sus procesos cada vez más autoorganizados y emergentes, horizontalizados, formados como discontinuidades articuladas, pueden ser asumidos por las comunidades locales, en su camino virtual, para ampliar su conversación, sus costumbres y sus intereses. La cultura digital es la cultura de la contemporaneidad. Como bien recordó el Ministro-hacker Gilberto Gil, en 2004, en un aula magna en la USP, «cultura digital es un concepto nuevo. Parte de la idea de que la revolución de las tecnologías digitales es, en esencia, cultural. Lo que está en juego aquí es que el uso de la tecnología digital cambia los comportamientos. El uso pleno de Internet y del software libre crea fantásticas posibilidades de democratizar los accesos a la información y al conocimiento, maximizar los potenciales de los bienes y servicios culturales, amplificar los valores que forman nuestro repertorio común y por lo tanto, nuestra cultura, y potenciar también la producción cultural, creando inclusive nuevas formas de arte.»


CULTURA DIGITAL, CIBER CULTURA Y CULTURA DE REDES

La mayor construcción de la cultura digital es la Internet que «nació de la improbable intersección de la big science, de la investigación militar y de la cultura de la liberación.» (CASTELLS) Dejando en claro que desde el comienzo, «el remix es la verdadera naturaleza de lo digital» (GIBSON). Lo digital es el meta lenguaje de la cultura postindustrial que avanza por el interior de las redes de información y para afuera de ellas, del ciberespacio para la actualización en nuevas sociabilidades. Por eso, la cultura digital también es la cibercultura y representa el nuevo nivel de la cultura de red. La cibercultura puede ser comprendida como «la forma sociocultural que emerge de la relación simbiótica entre la sociedad, la cultura y las nuevas tecnologías de base microelectrónica que surgieron con la convergencia de las telecomunicaciones y la informática en la década del 70.» (LEMOS) Ella también es «el movimiento histórico, la conexión dialéctica, entre sujeto humano y sus expresiones tecnológicas, por medio de lo cual transformamos el mundo y, de esta forma, nuestro propio modo de ser interior y material en dada dirección (cibernética)". (RÜDIGER). La Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (Convención de la Diversidad) definió que «expresiones culturales son aquellas que resultan de la creatividad de los individuos, grupos y sociedades que poseen contenido cultural». De esta forma, pensaremos en este texto las expresiones culturales de la cibercultura y su relación con la diversidad en general. Todos los nueve objetivos de la Convención de la Diversidad, relatados a continuación, tienen relación directa con el desarrollo actual de la cultura digital. Son objetivos definidos por la Convención: a) proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales; b) crear condiciones para que las culturas florezcan e interactúen libremente en beneficio mutuo; c) impulsar el diálogo entre culturas con el fin de asegurar intercambios culturales más amplios y equilibrados en el mundo a favor del respeto intercultural y de una cultura por la paz; d) fomentar la interculturalidad como forma de desarrollar la interacción cultural, con el espíritu de construir puentes entre los pueblos; e) promover el respeto por la diversidad de las expresiones culturales y la concientización de su valor en los planes locales, nacionales e internacionales; f) reafirmar la importancia del vínculo entre cultura y desarrollo para todos los países, especialmente para países en desarrollo, e impulsar las acciones emprendidas en el plan nacional e internacional para que se reconozca el auténtico valor de ese vínculo; g) reconocer la naturaleza específica de las actividades, bienes y servicios culturales mientras sean portadores de identidades, valores y significados; h) reafirmar el derecho soberano de los Estados de conservar, adoptar e implementar las políticas y medidas que consideren apropiadas para la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales en su territorio; i) fortalecer la cooperación y la solidariedad internacional con un espíritu de asociación buscando, especialmente, el mejoramiento de las capacidades de los países en proteger y en promover la diversidad de las expresiones culturales.


LA DIVERSIDAD ES LA ESENCIA DE LA CIBERCULTURA

Una de las principales hipótesis de Pierre Lévy es que la cibercultura expresa el surgimiento de un nuevo universo, diferente de las formas culturales que vinieron antes que ella, ya que se construyó sobre la indeterminación de cualquier sentido global. O sea, la cibercultura abriga pequeñas totalidades, «pero sin ninguna pretensión al universo». Podemos decir que su fundamento es la propia diversidad. Una diversidad en continua construcción. Entre las mayores expresiones del activismo cibercultural está el movimiento conocido como Metareciclagem. Rebelde a cualquier totalitarismo, el Metareciclagem construyó vínculos entre tecnología y arte sin modelos predeterminados, de forma distribuida, sin imposiciones. Otro ejemplo es el Estúdio Livre que trabaja un concepto de ambiente colaborador, en constante desarrollo, que busca formar espacios reales y virtuales que estimulen y permitan la producción, la distribución y el desarrollo de medios libres. Todas las herramientas de este ambiente están basadas en los conceptos de software libre, conocimiento libre y apropiación tecnológica hecha por las comunidades de usuarios. Según la Convención de la Unesco, «diversidad cultural se refiere a la multiplicidad de formas por las cuales las culturas de los grupos y sociedades encuentran su expresión. Tales expresiones son transmitidas entre y dentro de los grupos y sociedades. La diversidad cultural se manifiesta no solo en las variadas formas por las cuales se expresa, se enriquece y se transmite el patrimonio cultural de la humanidad mediante la variedad de las expresiones culturales, sino también por medio de los diversos modos de creación, producción, difusión, distribución y aprovechamiento de las expresiones culturales, cualesquiera que sean los medios y las tecnologías empleadas.» La expansión de la cultura digital se confunde con la expansión de la Internet. Pero la Internet fue construida bajo una fuerte influencia de la cultura hacker y, por eso, guarda sus trazos, en los cuales debemos destacar la libertad de creación y la idea de compartir. Este espíritu abierto permitió construir el mayor acervo de informaciones que la humanidad ya vio. La cultura hacker generó una red de redes y no una red única, una red absoluta. La diversidad dentro de la colaboración fue y es un enorme hecho de los arquitectos de la Internet. Pero la Internet ganó importancia económica y política y ahora está bajo constante ataque. Grupos y corporaciones gigantescas del mundo industrial quieren contener la expansión de la red como un espacio de libertad para el conocimiento y para la creación y la recombinación digital de la cultura. Las tecnologías de la información son ambiguas. Sirven para el control y para la libertad, para el brillo y lo opaco. La cibercultura se realiza dentro de este terreno en disputa. De un lado, las operadoras de telecom queriendo controlar la voz sobre IP, del otro el movimiento Save the Internet, articulando la defensa de la neutralidad de los protocolos de la red. Las industrias de entretenimiento queriendo imponer el DRM y las organizaciones como Eletronic Frontier Foundation luchando por la libertad de expresión y por los inalienables derechos humanos en la red. Defender la diversidad cultural en la red pasa por la defensa de una ciudadanía digital, transnacional, basada en la garantía de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.


DIVERSIDAD ES RECOMBINACIÓN

El colectivo de los medios tácticos Critical Art Ensemble ha trabajado desde fines del siglo XX con su crítica profunda a los límites a la creatividad impuestos por el sistema. Si Vannevar Bush nos había alertado de que nuestras mentes piensan por asociación no sería extraño suponer que nuestra cultura se realiza también por conexión, por constantes recombinaciones. De forma suficientemente clara, en el texto Distúrbio Eletrônico, el Critical Art Emsemble declama: «Dejemos que las nociones románticas de la originalidad, genialidad y autoría permanezcan, pero como elementos para la producción cultural sin ningún privilegio especial sobre los otros elementos igualmente útiles. Es la hora de usar la metodología de la recombinación para enfrentar la tecnología de nuestro tiempo.» La diversidad depende de la libertad de los flujos y la creatividad necesita estar libre para adoptar todo el potencial de la interactividad que es el devenir de la hipertextualidad y está presente en toda la expansión de la web. Una web que camina cada vez más para constituirse de múltiples prácticas colaboradoras. Alex Primo, al analizar el aspecto relacional de las interacciones en la Web 2.0, aclara que «la interacción social está caracterizada no solo por los mensajes intercambiados (el contenido) y por los interagentes que se encuentran en un dado contexto (geográfico, social, político, temporal), sino también por la relación que existe entre ellos. Por lo tanto, para estudiar un proceso de comunicación en una interacción social no basta mirar para un lado (yo) y para el otro (tú, por ejemplo). Es necesario atentar para el «entre»: la relación. Se trata de una construcción colectiva, inventada por los interagentes durante el proceso, no pudiendo ser manipulada unilateralmente ni prevista o determinada». La relación de recombinación es conflictiva y su sentido es imprevisible, porque el link abierto o el co-link garantizan la libertad y la infinita disputa de caminos y senderos. Pero eso es vital para la diversidad. El principio de la Convención de la Unesco de igual dignidad y respeto por todas las culturas necesita incorporar el mismo tratamiento para las culturas de recombinación, para las ciberculturas. Nunca es tarde para recordar las ideas de George P. Landow, uno de los grandes estudiosos del hipertexto: «Las concepciones de autoría guardan una estrecha relación con la forma de tecnología de la información que prevalece en un momento dado, y, cuando esta cambia o comparte su dominio con otra, también se modifican, para bien o para mal, las interpretaciones culturales de autoría.»


LA DEFENSA DEL ACCESO PARA ASEGURAR LAS POSIBILIDADES DE DIGITALIZACIÓN DE LAS EXPRESIONES CULTURALES

Alejandro Piscitelli argumenta que la «Internet fue el primer medio masivo de la historia que permitió una horizontalidad de las comunicaciones, una simetría casi perfecta entre producción y recepción, alterando en forma indeleble la ecología de los medios.» Este enorme hecho de democracia no consiguió revertir las tendencias concentradoras que se amplían con las asimetrías socioeconómicas. Javier Bustamante Donas, al discutir la relación entre la cibercultura y la ecología de la comunicación, afirmó que «el acceso a Internet y su uso como vehículo de transmisión de ideas y de comunicación personal va sin duda a establecer nuevos criterios de diferenciación social entre los ciudadanos de la nueva cibercultura. Individuos, empresas, colectivos sociales que no tengan acceso por razones económicas, técnicas o de rechazo psicológico, se encuentren en una posición precaria a la hora de definir su presente y su futuro.» No podemos privarle a las comunidades locales, tradicionales o no, así como a los artistas y productores culturales la posibilidad de migración de su producción simbólica para el interior de la red, para el ciberespacio. Para asegurar que la expresión de las ideas y manifestaciones artísticas puedan ganar formatos digitales y también, para garantizar que los grupos e individuos puedan crear, innovar y recrear piezas y obras a partir del propio ciberespacio, son necesarias acciones públicas de garantía de acceso universal a la red mundial de computadores. Sin inclusión digital de todos los segmentos de la sociedad, la cibercultura no estará contemplando plenamente la diversidad de visiones, de expresiones, de comportamientos y perspectivas. De esta manera nos alertó Javier Bustamante que «sin una pluralidad de fuentes no se puede hablar de libertad de pensamiento, conciencia o religión. Sin acceso a medios de alcance internacional no tiene sentido hablar de libertad de opinión y de difusión de las mismas sin limitación de fronteras». Por eso, la cultura de la diversidad digital es ampliada por las prácticas de compartir el conocimiento, de tecnologías abiertas, de expansión de telecentros, de talleres de meta reciclaje, de puntos de cultura. Estas iniciativas necesitan ser ampliadas, ya que ejecutan el principio del acceso equitativo presente en la Declaración de la Unesco: «El acceso equitativo a una rica y diversificada gama de expresiones culturales provenientes de todo el mundo y el acceso a las culturas y a los medios de expresión y de difusión constituyen importantes elementos para la valorización de la diversidad cultural y el incentivo al entendimiento mutuo». Cuanto mayor sea la inclusión digital de la sociedad, mayores serán las posibilidades de diversidad cultural. Cuanto mayor sea la libertad para las prácticas colaboradoras en la red, wikis, softwares libres, acciones P2P, blogs, espectro abierto, más extensa será su inteligencia colectiva creadora.


REALIDADES ALTERNATIVAS, SIMULACIONES Y MÚLTIPLES IDENTIDADES

La cultura digital comprende la simulación, las realidades virtuales y las realidades alternativas. Ciborgues no son solamente metáforas, como nos enseño Donna Haraway. La crisis de las identidades que ocurría en las sociedades industriales tuvo una evolución para un cotidiano pendular entre identidades ausentes y anonimato, de un lado, y múltiples identidades, del otro. Juegos en red envuelven a millones de personas, avatares se enfrentan y se articulan en un escenario virtual donde también están incluidas las diversas comunidades virtuales de relación, y que crean caminos de doble mano virtuales y actuales y presenciales en el ciberespacio. En este escenario, de ausentes y múltiples, de choque de sociabilidades, es que también debemos enfatizar el papel de las identidades únicas y de las identidades étnicas. La riqueza de la diversidad dependerá del fortalecimiento de diversos elementos constitutivos de las identidades colectivas que componen una cultura. La Convención de la Unesco recordó» que la diversidad lingüística constituye un elemento fundamental de la diversidad cultural». Entonces, la diversidad digital exige la producción de contenido en diversas lenguas y dialectos en páginas web, portales, en la blogósfera, en la videosfera y en los ambientes de realidad alternativa.


ASEGURAR LA LIBERTAD DE LOS FLUJOS, DEL CONOCIMIENTO Y DE LA CREACIÓN

Eugenio Trivinho nos alertó que «al mismo tiempo que a miniaturización de las tecnologías comunicacionales permite el mayor poder de movimiento en las ciudades reales, materiales, genera también un mayor efecto de ilusión de libertad. Para evitar confusión: un contexto histórico que confiere movilidad corporal asistida por la potencia de la comunicación a distancia ni por eso concede mayor libertad a los individuos, o una libertad genuina, exenta de vergüenzas, coacciones y controles". (112-113) En el escenario de la cibercultura, la libertad exige arquitecturas abiertas a los flujos del conocimiento. Nunca fue tan posible compartir conocimiento cuanto en la era de las redes de información. Nunca fue tan rápido, barato y fácil intercambiar informaciones. Los economistas de la información saben que el principal insumo de la información es la propia información. La materia prima del conocimiento es la propia información codificada o conocimiento. La información no posee las restricciones limitadoras de los bienes materiales. Informaciones, desconocen la escasez y el desgaste en el uso. Pueden ser usadas de forma ilimitada y reproducidas a costo cero. Exactamente estas características inherentes a los bienes de informaciones, o sea, las informaciones que son combatidas por los gigantes de la era industrial. Buscan realizar una cruzada por la modernidad de las leyes de propiedad de las ideas, por criminalizar las ideas compartidas, de algoritmos y de creaciones artísticas. Invaden centros académicos en la búsqueda de fotocopias de libros y retroceden en la interpretación del uso justo del conocimiento. Estos guerreros de propiedad privada de las ideas, olvidan que, al contrario de los bienes materiales, el conocimiento crece cuando es compartido. Probablemente desconsideran la brillante explicación de George Bernard Shaw, dramaturgo y crítico literario irlandés: «Si usted tiene una manzana y yo tengo una manzana e intercambiamos estas manzanas, entonces yo y usted tendremos solo una manzana. Pero si yo tengo una idea y usted tiene otra idea, e intercambiamos nuestras ideas, entonces cada uno de nosotros tendrá dos ideas». La cibercultura para avanzar necesita derrumbar las barreras de la libertad del conocimiento. Las redes no pueden ser mallas de una «informática de la dominación», término bien acuñado por Donna Haraway. La biotecnología no debería construir su camino basándose en el modelo de negocios de los alimentos transgénicos, que buscan controlar, por medio de patentes, el conocimiento sobre las formas de reproducción de la vida. La opacidad de los códigos (softwares, protocolos y estándares) es grave. Como alertó el jurista Lawrence Lessig, «en el ciberespacio el código es la ley». Lessig al analizar como el gran medio usa la tecnología y la ley para bloquear la cultura y controlar la creatividad, escribió que la «oportunidad para crear y transformar está debilitada en un mundo en el cual la creación depende del permiso judicial, y la creatividad necesita siempre consultar un abogado.» (183) Para evitar una anemia cultural generalizada promovida por los intentos de controlar privadamente el conocimiento y la cultura es que crecen movilizaciones como el Creative Commons, un movimiento de licencia que busca reequilibrar el escenario de la propiedad intelectual, dándole mayor espacio a las características básicas de la cultura digital, entre ellas la recombinación, el sampling, la libertad de copia.


LA ECONOMÍA DE LA CIBERCULTURA ESTÁ BASADA EN LA RELACIÓN Y NO EN LA PROPIEDAD

John Perry Barlow, letrista, músico, ciber activista, autor del Manifiesto de la Independencia del Ciberespacio, fundador de la Eletronic Frontier Foundation, escribió los principios de la economía de una cultura digital, de una cibercultura. Barlow captó la tendencia de la economía en basarse cada vez más en servicios. En ella, el valor de la propiedad pierde fuerza frente a los valores de la relación. Él escribió que «la mayoría de nosotros vive hoy gracias a la inteligencia, produciendo 'verbos', esto es, ideas, en vez de 'substantivos', como automóviles y tostadoras.(...) Médicos, arquitectos, ejecutivos, consultores, abogados: todos sobreviven económicamente sin ser 'propietarios' de su conocimiento [...] Es un consuelo saber que la especie humana consiguió producir un trabajo creativo decente durante los 5.000 años que precedieron a 1710, cuando el Estatuto de Anne, la primera ley moderna de derechos de autor, fue aprobada por el Parlamento Británico. Sófocles, Dante, da Vinci, Botticelli, Michelangelo, Shakespeare, Newton, Cervantes, Bach – todos encontraron motivos para salir de la cama a la mañana, sin esperar por el derecho de propiedad de las obras que crearon». Su conclusión es empíricamente consistente: «También durante el auge de los derechos de autor, conseguimos algo bastante útil de Benoit Mandelbrot, Vint Cerf, Tim Benners-Lee, Marc Andreessen y Linus Torvalds. Ninguno de ellos hizo su trabajo pensando en los royalties. Y existen aquellos grandes músicos de los últimos cincuenta años que continuaron haciendo música después de descubrir que las empresas fonográficas se quedaban con todo el dinero [...] relación, junto con servicio, es el centro de aquello que soporta todo tipo de «trabajador moderno del conocimiento». En la economía digital colaborar es más eficiente que simplemente competir. Un número creciente de empresas está dándose cuenta de las enormes ventajas de las prácticas colaboradoras para la innovación y el mantenimiento de sus negocios. Las redes de información viabilizan nuevas prácticas sociales y de generación de riquezas que eran difíciles y hasta imposibles de implementarse en la llamada era industrial. El profesor de derecho de la Universidad de Yale, Yochai Benkler, en el libro The Wealth of Network, disponible en la web, demostró que una serie de cambios en las tecnologías, en la organización económica y en la producción social están creando nuevas oportunidades y posibilidades de producir información, conocimiento y cultura. Estos cambios, según Benkler, están ampliando el papel de la producción no propietaria y colaboradora, realizada por individuos aislados y por esfuerzos cooperativos de miles de personas. Es el caso, por ejemplo, del desarrollo del software libre, una típica creación de la cultura digital. El modelo de desarrollo y uso de software libre se basa en la colaboración. Programas de computador extremadamente complejos son creados y mantenidos por comunidades de interesados. Uno de sus mayores ejemplos, el GNU/Linux, es un sistema operacional libre, mantenido por aproximadamente 150 mil personas distribuidas por el planeta. Como todo y cualquier software, el GNU/Linux necesita ser actualizado constantemente para acompañar la evolución de los computadores y otros softwares. Antes que una nueva versión del GNU/Linux sea considerada estable, ella es probada y corregida por una comunidad gigantesca de programadores. Las posibilidades de encontrar fallas más rápidamente y superarlas es mucho mayor que en el modelo propietario y cerrado. La calidad de las versiones está directamente vinculada a la cantidad de inteligencia colectiva agregada a la red mundial de computadores. Sin duda, la coordinación del proceso es el elemento más sensible y complejo de las prácticas colaboradoras en la red. Lo que cada colaborador dona, en tiempo de trabajo, para el desarrollo del GNU/Linux es bastante menor de lo que se obtiene de retorno. Esta lógica llevó al antiguo Big Blue, IBM, y a otras grandes corporaciones a apostar en el desarrollo colaborador. Apache es uno de los mayores éxitos mundiales de software libre. Él sirve para hospedar páginas web y está presente en más de dos tercios de los servidores web del planeta. Imbatible. Obtuvo esta posición sin gastar un centavo en propaganda. Nunca necesitó ser desarrollado en colaboración y su estabilidad es incomparablemente superior al del competidor propietario.


CULTURA DIGITAL Y CIBERESPACIO: LAS FRONTERAS CON LOS ESTADOS NACIÓN

La Internet carga y conecta los flujos de la cultura digital, transitando por las diversas infraestructuras de los países controlados por Estados nacionales. También la red es transnacional. Construida bajo fuerte influencia de la cultura hacker para ser libre, conectada por protocolos de comunicación que buscan mantener liberadas las vías compartidas de datos y la interacción de informaciones. La internet es el cuerpo del ciberespacio. Pero los tiempos de la globalización, del auge de los intentos de desmonte general de lo que es público, de la prevalencia de lo privado, de la expansión del consumismo totalitario, de la falta de respeto a lo local y a las culturas tradicionales, generó fuertes reacciones, algunas de reproducción en larga escala de la intolerancia. Se reforzó el escenario de las ambivalencias. Estados nacionales poderosos y megacorporaciones intentan crear condiciones para controlar los flujos de las redes, la Internet. Totalitarios de guardia reúnen argumentos para interferir en los protocolos, en la independencia de cada una de las capas que componen la red, para vigilar los paquetes de información, para mantener dictaduras o niveles de lucro. ¡No puede ser! El ciberespacio necesita ser libre. El acceso necesita ser libre. La navegación necesita ser libre. La gobernabilidad de la Internet también es el gobierno del ciberespacio. Ella no puede representar un retroceso de las libertades conquistadas, de lo contrario, tendremos ataques a la creatividad, al compartir informaciones, a la diversidad de manifestaciones y expresiones de la cultura digital. La defensa de la diversidad digital pasa por la defensa de un modelo de gobierno de la red que sea multistakeholder, que garantice el peso debido a las organizaciones de la sociedad civil mundial de interés público, que asegure una ciudadanía digital global, que mantenga las libertades fundamentales del hombre. El importante principio de la soberanía nacional incluido en la Convención de la Unesco no puede ser usado para anular el principio de la apertura y del equilibrio, según el cual «al adoptar medidas para favorecer la diversidad de las expresiones culturales, los Estados buscarán promover, en forma apropiada, la apertura a otras culturas del mundo y garantizar que tales medidas estén de acuerdo con los objetivos perseguidos por la presente Convención».


CÓMO APOYAR LA CULTURA DIGITAL EN LA PERSPECTIVA DE LA DIVERSIDAD. ¿CUÁLES SON LOS PARÁMETROS PARA POLÍTICAS PÚBLICAS ADECUADAS?

Es necesario estructurar políticas públicas que incentiven la cultura digital. Los fondos de tecnología y telecomunicaciones deben asegurar líneas especiales de investigación y de producción de tecno arte, de tecnologías abiertas y libres. Deben estudiar formas jurídicas adecuadas para el financiamiento de proyectos de colectivos tecnológicos, tales como las comunidades de software libre, de meta reciclaje, de medios activismo y cibercultura, así como, los colectivos de conexión cooperativa.

Es necesario asegurar que las comunidades tengan recursos para enviar sus contenidos para la red de informaciones. De ahí la importancia decisiva de los estudios libres de la cibercultura.

Es fundamental construir una política de convergencia digital para lo que es común, para la sociedad civil, para digitalizar las radios y las TVs comunitarias, para garantizar experimentos comunitarios de conexión abierta.

Es importante incentivar la expansión de las ciudades digitales.

Es vital garantizar que sean expandidas las franjas de frecuencia del espectro radioeléctrico para uso común. La sociedad necesita discutir el destino de las franjas de frecuencia que están siendo utilizadas actualmente por las emisoras de TV para transmisión analógica. Cuando la implantación de la TV digital esté completa, estas franjas podrán ser transformadas en espectro abierto, en vía de uso común, con el uso de radios transmisores, receptores inteligentes y otras tecnologías digitales.

Es necesario incentivar la producción de contenidos digitales para la movilidad, para el escenario de realidades alternativas, juegos en red y digitalización creciente del broadcasting, así como, para la expansión de las webTVs distribuidas. Es necesario incentivar el crecimiento del dominio público, así como, garantizar la libertad para el conocimiento y la cultura.


¿CÓMO GARANTIZAR LA EXPANSIÓN DE LA INVESTIGACIÓN DE LA CIBERCULTURA?

El Ministro de Cultura Gilberto Gil, en el aula inaugural que realizó en la USP, el 10 de agosto de 2004, afirmó que «es hora de que la investigación científica acerca de la cultura conquiste nuevos vuelos, gane mayor consistencia, rigor y autonomía. Es necesario pensar la universidad también como un 'locus' de la cultura, sea de las expresiones artísticas, sea de la difusión, o de la reflexión, o de la preservación.» En este sentido, es necesario pensar propuestas que garanticen la ampliación de la investigación de la cultura digital.

Es necesario articular más investigaciones básicas y experimentales, multidisciplinarias, que amplíen la comprensión de las tecnologías de información y comunicación en un contexto de redes y de cultura digital.

Es necesario crear las articulaciones más frecuentes entre los distintos actores e investigadores de la cibercultura. Es necesario incentivar las redes de investigación de la cultura digital.

Es necesario crear encuentros, conferencias, festivales, premios e incentivos a la investigación de la cibercultura y su relación múltiple con los diversos contextos.


POR UN PACTO DE LIBERTAD PARA EL CONOCIMIENTO Y LA CREACIÓN

La cultura digital es la cultura que trabaja con la plena creatividad. No está limitada al ideal romántico de la originalidad exclusiva, se distribuye por la idea de la recombinación, del remezclado de la fusión, de la derivación, de la destrucción de todas las trabas a la creación, de la obra continua, ilimitada, fundamentalmente abierta. Trata la novedad y la reconfiguración. Cultiva la colaboración y el compartir tal como el antiguo ideal científico. La ciencia poco avanzaría si no hubiera sido ella misma acumulativa y con recombinación. La cultura digital es la aproximación de la ciencia y de la cultura, mediada por las tecnologías de información. La libertad para el conocimiento, la transparencia para los códigos que intermedian la comunicación humana, la creación sin trabas, la superación de la mercantilización totalitaria de la cultura, las posibilidades simuladoras y emancipadoras del ciberespacio son fundamentos que debemos defender si queremos un mundo de riqueza de la diversidad. Cultura digital, antitotalitaria, depende de la libertad del conocimiento y de la creación.

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